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 FAMILIA ESPIRITUAL

Jornadas de Semana Santa

"Como el Padre me amó"

Rosario Meditado del Sábado Santo

En el silencio del Sábado Santo, nos unimos al corazón de María para velar junto al sepulcro en una espera confiada y llena de fe.


Al rezar el rosario, acompañamos su soledad herida pero luminosa, aprendiendo de ella a sostener la esperanza cuando todo parece acabado.


Que su mirada de Madre nos enseñe a confiar en las promesas del Padre, aguardando con paz el triunfo definitivo de la Resurrección.

El misterio del Sábado Santo nos conduce hacia el Señor Jesús muerto que yace en el sepulcro.  Hoy toda la Iglesia se encuentra en silencio por el dolor y la ausencia.  Pero, en medio de la tristeza aparece la esperanza por la que podemos ver el horizonte último: la Resurrección.

Al alzar la mirada reconocemos la presencia de Santa María, Madre de la Esperanza y nos acogemos a su invitación de acompañarla en esta espera guardando en el corazón las palabras de su Hijo.


T: + Por la señal de la Santa Cruz, + de nuestros enemigos + líbranos, Señor, Dios Nuestro. + En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.


Creo en Dios, Padre Todopoderoso,

Creador del cielo y de la tierra.

Creo en Jesucristo, su único Hijo,

Nuestro Señor,

que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo,

nació de Santa María Virgen,

padeció bajo el poder de Poncio Pilato,

fue crucificado, muerto y sepultado,

descendió a los infiernos,

al tercer día resucitó de entre los muertos,

subió a los cielos

y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso.

Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos.


Creo en el Espíritu Santo,

la santa Iglesia católica,

la comunión de los santos,

el perdón de los pecados,

la resurrección de la carne

y la vida eterna.

Amén.


Del Evangelio según San Lucas 1, 35-38

«El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer será llamado Hijo de Dios. También tu pariente Isabel ha concebido un hijo en su vejes, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible». María contestó: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra».


Reflexión:

La virtud de la esperanza no tendría sentido sin el don tan precioso de la fe.

Esta fe que es confianza en Dios y en su palabra la vemos vivida de manera modélica en María, en Ella la fe constituye la base de su fidelidad al Señor.

La fe en la Madre es preciosa porque Ella ha aceptado la invitación de Dios acogiendo al Señor Jesús en su seno y entrando en la Escuela de la fe, en donde guiada por su Hijo, irá madurando y ganando una consistencia que le permitirán responder con generosidad al Plan de Dios a lo largo de toda su vida, incluso en los momentos difíciles.

Cantamos: Virgen Fiel

Padre Nuestro…

Del Evangelio según San Lucas 2, 33-35


"Su Padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño. Simeón los bendijo y dijo a María, su madre:


«Este ha sido puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; y será como un signo de contradicción, —y a ti misma una espada te traspasará el alma— para que se pongan de manifiesto los pensamientos de muchos corazones»."



Reflexión:

Cuando muere el Señor, quienes lo siguen pasan por un momento intenso de prueba.  Pocos de ellos son conscientes de que detrás de la muerte de Jesucristo está la victoria y el triunfo.  Para los discípulos, la muerte de Cristo donde su fe y esperanza se ve probada.


Cuando esto ocurre, María por su fe puede permanecer firme en el momento de mayor dolor.  Sin embargo, su dolor no es cancelado, no es anulado, éste se envuelve en una dimensión nueva, la dimensión de la esperanza que hace que su Amor permanezca vivo aún cuando todo parece muerto.


Padre Nuestro…

Del Evangelio según San Lucas   1,46-55


María dijo:

«Proclama mi alma la grandeza del Señor,

se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;

porque ha mirado la humildad de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,

porque el Poderoso ha hecho obras grandes en mí:

su nombre es santo,

y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo:

dispersa a los soberbios de corazón,

derriba del trono a los poderosos

y enaltece a los humildes,

a los hambrientos los colma de bienes

y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia

—como lo había prometido a nuestros padre—

en favor de Abraham y su descendencia por siempre».



Reflexión:

María ha visto el cumplimiento de las promesas de Dios a lo largo de toda su vida, es por esto que medita y espera con confianza el cumplimiento de las profecías: “y al tercer día resucitará”.


La Madre espera, y nutre su esperanza de la oración.  Ella prevé confiadamente lo que va a suceder, y se pone en manos del Padre, esperando la resurrección de su Hijo el Señor Jesús, alentada por la fuerza del Espíritu que la ilumina especialmente en los momentos de oración.


Padre Nuestro…

Del Evangelio según San Juan  19,25


Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena.



Reflexión:

Vana sería nuestra esperanza si es que no estuviera fundamentada en el misterio más grande del Señor Jesús, en su Resurrección.  En este misterio Santa María fundamenta su existencia, porque en él reconoce que Dios Padre cumple todas sus promesas.  En Santa María no cabe duda ni desesperación porque en su corazón está presente siempre Jesús, en quien confía plenamente y a quien se ha ido conformando.


Así como María vive su esperanza estamos también nosotros invitados a participar de la confianza en las promesas de Dios, a poner a Jesús como el centro de nuestra vida y a esperar junto con Ella la Resurrección del Señor.


Cantamos: Madre nuestra


Padre Nuestro…

Del Evangelio de San Juan   19,26-27


Jesús al ver a su madre y junto a ella al discípulo al que amaba, dijo a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo».  Luego, dijo al discípulo: «Ahí tienes a tu madre».



Reflexión:

La preciosa fe de María la conduce a confiar plenamente en el cumplimiento de las promesas de Dios.  Su esperanza fundada en ese encuentro profundo a través de la oración, con Dios Padre y su Hijo, Jesucristo, la conducen a vivir una fidelidad inquebrantable y la auténtica caridad.  Estos han sido los motivos de su conformación con Cristo, de su configuración plena con Él.  María aprende de Jesús a amar a sus hijos en la fe.


Padre Nuestro…

Alentados por Santa María y dispuestos a seguir acompañándola en su espera terminemos nuestro Rosario cantando LA SALVE.



Rezamos 1 Padre Nuestro y 3 Ave María por las intenciones del Santo Padre



Oración Final

Te rogamos nos concedas, Señor Dios nuestro, gozar de continua salud de alma y cuerpo, y por la gloriosa intercesión de la bienaventurada siempre Virgen María, vernos libres de las tristezas de la vida presente y disfrutar de las alegrías eternas.  Por Cristo nuestro Señor. Amén.


+ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.