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 FAMILIA ESPIRITUAL

Jornadas de Semana Santa

"Como el Padre me amó"

Laudes de Viernes y Sábado Santos

Las Laudes de estos días nos sumergen en el misterio pascual a través de una sobriedad profunda, acompañando a Cristo desde su entrega voluntaria en la Cruz hasta el silencio expectante del sepulcro. 


Al rezarlas, unimos nuestra voz a la de la Iglesia para meditar en la filiación divina de Jesús, quien vive su pasión en total obediencia al Padre.


Es un tiempo de oración contemplativa que nos prepara el corazón, entre el dolor y la esperanza, para recibir la luz definitiva de la Resurrección.

V. Señor, abre mis labios.

R. Y mi boca proclamará tu alabanza.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.


INVITATORIO


Ant. Venid, adoremos a Cristo, Hijo de Dios, que nos redimió con su sangre.


Salmo 23

ENTRADA SOLEMNE DE DIOS EN SU TEMPLO

Las puertas del cielo se abren ante Cristo que como hombre sube al cielo (S. Ireneo).


Del Señor es la tierra y cuanto la llena,

el orbe y todos sus habitantes:

él la fundó sobre los mares,

él la afianzó sobre los ríos.


— ¿Quién puede subir al monte del Señor?

¿Quién puede estar en el recinto sacro?


— El hombre de manos inocentes

y puro corazón,

que no confía en los ídolos

ni jura contra el prójimo en falso.

Ése recibirá la bendición del Señor,

le hará justicia el Dios de salvación.


— Éste es el grupo que busca al Señor,

que viene a tu presencia, Dios de Jacob.


¡Portones!, alzad los dinteles,

que se alcen las antiguas compuertas:

va a entrar el Rey de la gloria.


— ¿Quién es ese Rey de la gloria?

— El Señor, héroe valeroso;

el Señor, héroe de la guerra.


¡Portones!, alzad los dinteles,

que se alcen las antiguas compuertas:

va a entrar el Rey de la gloria.


— ¿Quién es ese Rey de la gloria?

— El Señor, Dios de los ejércitos.

Él es el Rey de la gloria.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.


Ant. Venid, adoremos a Cristo, Hijo de Dios, que nos redimió con su sangre.



HIMNO


¡Oh Cruz fiel, árbol único en nobleza!

Jamás el bosque dio mejor tributo

en hoja, en flor y en fruto.

¡Dulces clavos! ¡Dulce árbol donde la Vida empieza

con un peso tan dulce en su corteza!


Cantemos la nobleza de esta guerra,

el triunfo de la sangre y del madero;

y un Redentor, que en trance de Cordero,

sacrificado en cruz, salvó la tierra.


Dolido mi Señor por el fracaso

de Adán, que mordió muerte en la manzana,

otro árbol señaló, de flor humana,

que reparase el daño paso a paso.


Y así dijo el Señor: "¡Vuelva la Vida,

y que el Amor redima la condena!"

La gracia está en el fondo de la pena,

y la salud naciendo de la herida.


¡Oh plenitud del tiempo consumado!

Del seno de Dios Padre en que vivía,

ved la Palabra entrando por María

en el misterio mismo del pecado.


¿Quién vio en más estrechez gloria más plena,

y a Dios como el menor de los humanos?

Llorando en el pesebre, pies y manos

le faja una doncella nazarena.


En plenitud de vida y de sendero,

dio el paso hacia la muerte porque él quiso.

Mirad de par en par el paraíso

abierto por la fuerza de un Cordero.


Vinagre y sed la boca, apenas gime;

y, al golpe de los clavos y la lanza,

un mar de sangre fluye, inunda, avanza

por tierra, mar y cielo, y los redime.


Ablándate, madero, tronco abrupto

de duro corazón y fibra inerte;

doblégate a este peso y esta muerte

que cuelga de tus ramas como un fruto.


Tú, solo entre los árboles, crecido

para tender a Cristo en tu regazo;

tú, el arca que nos salva; tú, el abrazo

de Dios con los verdugos del Ungido.


Al Dios de los designios de la historia,

que es Padre, Hijo y Espíritu, alabanza;

al que en la cruz devuelve la esperanza

de toda salvación, honor y gloria. Amén.



SALMODIA


Ant. 1. Dios no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó a la muerte por todos nosotros.


Salmo 50


Misericordia, Dios mío, por tu bondad,

por tu inmensa compasión borra mi culpa;

lava del todo mi delito,

limpia mi pecado.


Pues yo reconozco mi culpa,

tengo siempre presente mi pecado:

contra ti, contra ti sólo pequé,

cometí la maldad que aborreces.


En la sentencia tendrás razón,

en el juicio resultarás inocente.

Mira, en la culpa nací,

pecador me concibió mi madre.


Te gusta un corazón sincero,

y en mi interior me inculcas sabiduría.

Rocíame con el hisopo: quedaré limpio;

lávame: quedaré más blanco que la nieve.


Hazme oír el gozo y la alegría,

que se alegren los huesos quebrantados.

Aparta de mi pecado tu vista,

borra en mí toda culpa.


Oh Dios, crea en mí un corazón puro,

renuévame por dentro con espíritu firme;

no me arrojes lejos de tu rostro,

no me quites tu santo espíritu.


Devuélveme la alegría de tu salvación,

afiánzame con espíritu generoso:

enseñaré a los malvados tus caminos,

los pecadores volverán a ti.


Líbrame de la sangre, oh Dios,

Dios, Salvador mío,

y cantará mi lengua tu justicia.

Señor, me abrirás los labios,

y mi boca proclamará tu alabanza.


Los sacrificios no te satisfacen:

si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.

Mi sacrificio es un espíritu quebrantado;

un corazón quebrantado y humillado,

tú no lo desprecias.


Señor, por tu bondad, favorece a Sión,

reconstruye las murallas de Jerusalén:

entonces aceptarás los sacrificios rituales,

ofrendas y holocaustos,

sobre tu altar se inmolarán novillos.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.


Ant. Dios no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó a la muerte por todos nosotros.


Ant. 2. Jesucristo nos amó y nos ha librado de nuestros pecados con su sangre.


Cántico Ha 3, 2-4. 13a. 15-19


Señor, he oído tu fama,

me ha impresionado tu obra.

En medio de los años, realízala;

en medio de los años, manifiéstala;

en el terremoto, acuérdate de la misericordia.


El Señor viene de Temán;

el Santo, del monte Farán:

su resplandor eclipsa el cielo,

la tierra se llena de su alabanza;

su brillo es como el día,

su mano destella velando su poder.


Sales a salvar a tu pueblo,

a salvar a tu ungido;

pisas el mar con tus caballos,

revolviendo las aguas del océano.


Lo escuché y temblaron mis entrañas,

al oírlo se estremecieron mis labios;

me entró un escalofrío por los huesos,

vacilaban mis piernas al andar;

gimo ante el día de angustia

que sobreviene al pueblo que nos oprime.


Aunque la higuera no echa yemas

y las viñas no tienen fruto,

aunque el olivo olvida su aceituna

y los campos no dan cosechas,

aunque se acaben las ovejas del redil

y no quedan vacas en el establo,

yo exultaré con el Señor,

me gloriaré en Dios, mi salvador.


El Señor soberano es mi fuerza,

él me da piernas de gacela

y me hace caminar por las alturas.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.


Ant. Jesucristo nos amó y nos ha librado de nuestros pecados con su sangre.


Ant. 3. Tu cruz adoramos, Señor, y tu santa resurrección alabamos y glorificamos; por el madero ha venido la alegría al mundo entero.


Salmo 147


Glorifica al Señor, Jerusalén;

alaba a tu Dios, Sión:

que ha reforzado los cerrojos de tus puertas,

y ha bendecido a tus hijos dentro de ti;

ha puesto paz en tus fronteras,

te sacia con flor de harina.


Él envía su mensaje a la tierra,

y su palabra corre veloz;

manda la nieve como lana,

esparce la escarcha como ceniza;


hace caer el hielo como migajas

y con el frío congela las aguas;

envía una orden, y se derriten;

sopla su aliento, y corren.


Anuncia su palabra a Jacob,

sus decretos y mandatos a Israel;

con ninguna nación obró así,

ni les dio a conocer sus mandatos.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.


Ant. 3. Tu cruz adoramos, Señor, y tu santa resurrección alabamos y glorificamos; por el madero ha venido la alegría al mundo entero.



LECTURA BREVE Is 52, 13-15


Mirad, mi siervo tendrá éxito, subirá y crecerá mucho. Como muchos se espantaron de él, porque desfigurado no parecía hombre, ni tenía aspecto humano, así asombrará a muchos pueblos, ante él los reyes cerrarán la boca, al ver algo inenarrable y contemplar algo inaudito.


En lugar del responsorio breve se dice:


Ant. Cristo, por nosotros, se sometió incluso a la muerte, y una muerte de cruz.



CÁNTICO DEL EVANGELIO


Ant. Encima de su cabeza colocaron un letrero con la acusación: «Jesús el Nazareno, el rey de los judíos».


BENEDICTUS Lc 1, 68-79

EL MESÍAS Y SU PRECURSOR


Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

porque ha visitado y redimido a su pueblo,

suscitándonos una fuerza de salvación

en la casa de David, su siervo,

según lo había predicho desde antiguo,

por boca de sus santos profetas.


Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos

y de la mano de todos los que nos odian;

realizando la misericordia

que tuvo con nuestros padres,

recordando su santa alianza

y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.


Para concedernos que, libres de temor,

arrancados de la mano de los enemigos,

le sirvamos con santidad y justicia,

en su presencia, todos nuestros días.


Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,

porque irás delante del Señor

a preparar sus caminos,

anunciando a su pueblo la salvación,

el perdón de sus pecados.


Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,

nos visitará el sol que nace de lo alto,

para iluminar a los que viven en tinieblas

y en sombra de muerte,

para guiar nuestros pasos

por el camino de la paz.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.


Ant. Encima de su cabeza colocaron un letrero con la acusación: «Jesús el Nazareno, el rey de los judíos».


PRECES


Adoremos a nuestro Redentor, que por nosotros y por todos los hombres quiso morir y ser sepultado para resucitar de entre los muertos, y supliquémosle, diciendo:


Señor, ten piedad de nosotros.


Señor y Maestro nuestro, que por nosotros te sometiste incluso a la muerte,

—enséñanos a someternos siempre a la voluntad del Padre.


Tú que siendo nuestra vida, quisiste morir en la cruz para destruir la muerte y todo su poder,

—haz que contigo sepamos morir también al pecado y resucitemos contigo a vida nueva.


Rey nuestro, que como gusano fuiste el desprecio del pueblo y la vergüenza de la gente,

—haz que tu Iglesia no se acobarde ante la humillación, sino que, como tú, proclame en toda circunstancia el honor del Padre.


Salvador de todos los hombres, que diste tu vida por los hermanos,

—enséñanos a amarnos mutuamente con un amor semejante al tuyo.


Tú que al ser elevado en la cruz atrajiste hacia ti a todos los hombres,

—reúne en tu reino a todos los hijos de Dios dispersos por el mundo.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad  en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.



ORACIÓN


Mira, Señor, con bondad a tu familia santa, por la cual Jesucristo nuestro Señor aceptó el tormento de la cruz, entregándose a sus propios enemigos. Por nuestro Señor Jesucristo.



CONCLUSIÓN


V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.


V. Señor, abre mis labios.

R. Y mi boca proclamará tu alabanza.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.



INVITATORIO


Ant. A Cristo, el Señor, que por nosotros murió, y por nosotros fue sepultado, venid, adorémosle.


Salmo 23

ENTRADA SOLEMNE DE DIOS EN SU TEMPLO

Las puertas del cielo se abren ante Cristo que como hombre sube al cielo (S. Ireneo).


Del Señor es la tierra y cuanto la llena,

el orbe y todos sus habitantes:

él la fundó sobre los mares,

él la afianzó sobre los ríos.


— ¿Quién puede subir al monte del Señor?

¿Quién puede estar en el recinto sacro?


— El hombre de manos inocentes

y puro corazón,

que no confía en los ídolos

ni jura contra el prójimo en falso.

Ése recibirá la bendición del Señor,

le hará justicia el Dios de salvación.


— Éste es el grupo que busca al Señor,

que viene a tu presencia, Dios de Jacob.


¡Portones!, alzad los dinteles,

que se alcen las antiguas compuertas:

va a entrar el Rey de la gloria.


— ¿Quién es ese Rey de la gloria?

— El Señor, héroe valeroso;

el Señor, héroe de la guerra.


¡Portones!, alzad los dinteles,

que se alcen las antiguas compuertas:

va a entrar el Rey de la gloria.


— ¿Quién es ese Rey de la gloria?

— El Señor, Dios de los ejércitos.

Él es el Rey de la gloria.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.


Ant. A Cristo, el Señor, que por nosotros murió, y por nosotros fue sepultado, venid, adorémosle.



HIMNO


Venid al huerto, perfumes,

enjugad la blanca sábana:

en el tálamo nupcial

el Rey descansa.


Muertos de negros sepulcros,

venid a la tumba santa:

la Vida espera dormida,

la Iglesia aguarda.


Llegad al jardín, creyentes,

tened en silencio el alma:

ya empiezan a ver los justos

la noche clara.


Oh dolientes de la tierra,

verted aquí vuestras lágrimas:

en la gloria de este cuerpo

serán bañadas.


Salve, cuerpo cobijado

bajo las divinas alas;

salve, casa del Espíritu,

nuestra morada. Amén.



SALMODIA


Ant. 1 Harán llanto como llanto por el hijo único, porque siendo inocente fue muerto el Señor.


Salmo 63


Escucha, oh Dios, la voz de mi lamento,

protege mi vida del terrible enemigo;

escóndeme de la conjura de los perversos

y del motín de los malhechores:


afilan sus lenguas como espadas

y disparan como flechas palabras venenosas,

para herir a escondidas al inocente,

para herirlo por sorpresa y sin riesgo.


Se animan al delito,

calculan cómo esconder trampas,

y dicen: "¿quién lo descubrirá?"

Inventan maldades y ocultan sus invenciones,

porque su mente y su corazón no tienen fondo.


Pero Dios los acribilla a flechazos,

por sorpresa los cubre de heridas;

su misma lengua los lleva a la ruina,

y los que lo ven menean la cabeza.


Todo el mundo se atemoriza,

proclama la obra de Dios

y medita sus acciones.


El justo se alegra con el Señor,

se refugia en él,

y se felicitan los rectos de corazón.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.


Ant. Harán llanto como llanto por el hijo único, porque siendo inocente fue muerto el Señor.



Ant. 2. Líbrame, Señor, de las puertas del abismo.


Cántico Is 38, 10-14. 17-1-0


Yo pensé: "En medio de mis días

  tengo que marchar hacia las puertas del abismo;

  me privan del resto de mis años".


Yo pensé: "ya no veré más al Señor

  en la tierra de los vivos,

  ya no miraré a los hombres

  entre los habitantes del mundo.


Levantan y enrollan mi vida

  como una tienda de pastores.

  Como un tejedor, devanaba yo mi vida,

  y me cortan la trama".


Día y noche me estás acabando,

  sollozo hasta el amanecer.

  Me quiebras los huesos como un león,

  día y noche me estás acabando.


Estoy piando como una golondrina,

  gimo como una paloma.

  Mis ojos mirando al cielo se consumen:

  ¡Señor, que me oprimen, sal fiador por mí!


Me has curado, me has hecho revivir,

  la amargura se me volvió paz

  cuando detuviste mi alma ante la tumba vacía

  y volviste la espalda a todos mis pecados.


El abismo no te da gracias,

  ni la muerte te alaba,

  ni esperan en tu fidelidad

  los que bajan a la fosa.


Los vivos, los vivos son quienes te alaban:

  como yo ahora.

  El padre enseña a sus hijos tu fidelidad.


Sálvame, Señor, y tocaremos nuestras arpas

  todos nuestros días en la casa del Señor.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.


Ant. Líbrame, Señor, de las puertas del abismo.



Ant. 3. Estaba muerto, pero ahora vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la muerte y del hades.


Salmo 150


Alabad al Señor en su templo,

alabadlo en su fuerte firmamento.


Alabadlo por sus obras magníficas,

alabadlo por su inmensa grandeza.


Alabadlo tocando trompetas,

alabadlo con arpas y cítaras,


alabadlo con tambores y danzas,

alabadlo con trompas y flautas,


alabadlo con platillos sonoros,

alabadlo con platillos vibrantes.


Todo ser que alienta alabe al Señor.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.


Ant. Estaba muerto, pero ahora vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la muerte y del hades.



LECTURA BREVE Os 6,1-3a


Así dice el Señor: «En su aflicción madrugarán para buscarme y dirán: “Vamos a volver al Señor: él, que nos despedazó, nos sanará; él, que nos hirió, nos vendará. En dos días nos sanará; al tercero nos resucitará; y viviremos delante de él”».

En lugar del responsorio breve se dice la siguiente antífona:


Ant. Cristo, por nosotros, se sometió incluso a la muerte y una muerte de cruz; por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el «Nombre—sobre—todo—nombre».



CÁNTICO DEL EVANGELIO


Ant. Salvador del mundo, sálvanos; tú que con tu cruz y con tu sangre nos redimiste, socórrenos, Dios nuestro.


BENEDICTUS Lc 1, 68-79

EL MESÍAS Y SU PRECURSOR


Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

porque ha visitado y redimido a su pueblo,

suscitándonos una fuerza de salvación

en la casa de David, su siervo,

según lo había predicho desde antiguo,

por boca de sus santos profetas.


Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos

y de la mano de todos los que nos odian;

realizando la misericordia

que tuvo con nuestros padres,

recordando su santa alianza

y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.


Para concedernos que, libres de temor,

arrancados de la mano de los enemigos,

le sirvamos con santidad y justicia,

en su presencia, todos nuestros días.


Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,

porque irás delante del Señor

a preparar sus caminos,

anunciando a su pueblo la salvación,

el perdón de sus pecados.


Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,

nos visitará el sol que nace de lo alto,

para iluminar a los que viven en tinieblas

y en sombra de muerte,

para guiar nuestros pasos

por el camino de la paz.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.


Ant. Salvador del mundo, sálvanos; tú que con tu cruz y con tu sangre nos redimiste, socórrenos, Dios nuestro.



PRECES


Adoremos a nuestro Redentor, que por nosotros y por todos los hombres quiso morir y ser sepultado para resucitar de entre los muertos, y supliquémosle, diciendo:


Señor, ten piedad de nosotros.


Oh Señor, que junto a tu cruz y a tu sepulcro tuviste a tu Madre dolorosa que participó en tu aflicción,

—haz que tu pueblo sepa también participar en tu pasión.


Señor Jesús, que como grano de trigo caíste en la tierra para morir y dar con ello fruto abundante,

—haz que también nosotros sepamos morir también al pecado y vivir para Dios.


Oh Pastor de la Iglesia, que quisiste ocultarte en el sepulcro para dar la vida a los hombres,

—haz que nosotros sepamos también vivir escondidos contigo en Dios.


Nuevo Adán, que quisiste bajar al reino de la muerte, para librar a los justos que, desde el origen del mundo, estaban sepultados allí,

—haz que todos los hombres, muertos al pecado, escuchen tu voz y vivan.


Cristo, Hijo de Dios vivo, que has querido que por el bautismo fuéramos sepultados contigo en la muerte,

—haz que, siguiéndote a ti, caminemos también nosotros en una vida nueva.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad  en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.



ORACIÓN


Dios todopoderoso, cuyo Unigénito descendió al lugar de los muertos y salió victorioso del sepulcro, te pedimos que concedas a todos tus fieles, sepultados con Cristo por el bautismo, resucitar también con él a la vida eterna. Por nuestro Señor Jesucristo.



CONCLUSIÓN


V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.