Jornadas de Semana Santa
"Como el Padre me amó"
Cancionero VIA CRUCIS
El Vía Crucis es mucho más que un relato histórico; es el camino de amor extremo donde acompañamos a Jesús en sus horas más difíciles.
A través de estas catorce estaciones, unimos nuestros propios dolores y esperanzas a su entrega, descubriendo en cada paso —desde la condena hasta el sepulcro— una invitación a la conversión y a la gratitud por nuestra redención.
En este cancionero, la música se convierte en el puente que nos permite profundizar en el misterio de la Pasión. Al entonar cada estrofa, buscamos que el corazón se sintonice con el sacrificio de Cristo, transformando la meditación en una oración viva que nos prepara para la alegría de la Resurrección.
1. Brazos rígidos y yertos
por dos clavos traspasados,
que aquí estáis por mis pecados
para recibirme abiertos,
para esperarme clavados.
Cuerpo llagado de amores,
yo te adoro, yo te sigo,
yo, Señor de los señores,
quiero partir tus dolores,
subiendo a la Cruz contigo.
UNA CRUZ ESTA VACÍA
ESPERANDO AL LLAMADO
¿QUIÉN VENDRÁ A PONER SU ALMA,
SU CORAZÓN TRASPASADO?
¿QUIÉN MI VOZ HA ESCUCHADO?
2. Quiero en la vida seguirte
y por sus caminos irte
alabando y bendiciendo,
y bendecirte sufriendo,
y muriendo bendecirte.
Que no ame la poquedad
de cosas que van y vienen;
que adore la austeridad
de estos sentires que tienen
sabores de eternidad.
3. Que sienta una dulce herida
de ansia de amor desmedida;
que ame tu ciencia y tu luz;
que vaya, en fin, por la vida
como Tú estás en la Cruz:
de sangre los pies cubiertos,
llagadas de amor las manos
los ojos al mundo muertos
y los dos brazos abiertos
para todos mis hermanos.
UNA CRUZ ESTA VACÍA
ESPERANDO AL LLAMADO
¿QUIÉN VENDRÁ A PONER SU ALMA,
SU CORAZÓN TRASPASADO?
¿QUIÉN MI VOZ HA ESCUCHADO? (2v)
1. Por el dolor creyente
que brota del pecado,
por no haberte querido
de todo corazón,
por haberte, Dios mío,
tantas veces negado,
con súplicas te pido
de rodillas perdón.
CONCÉDEME UN ALMA LAVADA POR TU AGUA,
UN CORAZÓN TAN PURO COMO EL QUE TRASPASADO
ME HA RECONCILIADO Y DADO EL AMOR.
2. Por haberte perdido,
por no haberte encontrado,
porque es como un desierto
nevado mi oración,
porque es como una hiedra
sobre el árbol cortado
el recuerdo que brota
cargado de ilusión.
3. Porque es como la hiedra,
permite que te abrace,
primero amargamente,
lleno de amor después,
y que a ti, viejo tronco
poco a poco me enlace,
y que mi vieja sombra
se derrame a tus pies.
1. Lo he traicionado y entregado a los
malvados;
lo he coronado con espinas puntiagudas.
Yo he atravesado con la lanza su costado;
lo he clavado en un madero y aún me ama.
FUE EL MISMO DIOS,
QUIEN DIO SU VIDA EN UN MADERO POR
AMOR.
FUE EL MISMO DIOS,
QUIEN DERRAMÓ SU SANGRE PARA
DARME VIDA.
FUE EL MISMO DIOS,
QUIEN ACEPTÓ MORIR
ATRAVESADO Y DESGARRADO POR LOS
CLAVOS.
FUE EL MISMO DIOS,
QUIEN ME HA SALVADO DEL PECADO Y DE
LA MUERTE,
FUE EL MISMO DIOS.
2. Me ha entregado a su Madre con amor,
me ha lavado con amor los pies llagados.
Él me ha curado las heridas del pecado,
me ha amado desde antes que naciera.
3. Me ha enseñado cómo seguirlo y amarlo,
me ha llamado para una gran misión.
Él me ha escogido para ser un apóstol,
para anunciarlo con mi vida hasta la muerte.
PUEBLO MÍO, QUÉ TE HE HECHO,
EN QUÉ TE HE OFENDIDO, RESPÓNDEME
(2V)
1. Yo te saqué de Egipto,
Y por cuarenta años
Te guie en el desierto;
Tú hiciste una cruz para tu Salvador.
2. Yo te libré del mar,
Te di a beber el agua
Que manaba de la roca;
Tú hiciste una cruz para tu Salvador.
3. Yo te llevé a tu tierra,
Por ti vencí a los reyes
De los pueblos cananeos;
Tú hiciste una cruz para tu Salvador.
4. Yo te hice poderoso,
Estando yo a tu lado
Derroté a los enemigos;
Tú hiciste una cruz para tu Salvador.
PERDONA A TU PUEBLO SEÑOR,
PERDONA A TU PUEBLO, PERDÓNALE
SEÑOR
1. No estés eternamente enojado
no estés eternamente enojado,
perdónale Señor.
2. Por las espinas que te punzaron,
por los tres clavos que te clavaron,
perdónale Señor.
3. Por las tres horas de tu agonía
en que por madre diste a María,
perdónale Señor.
4. Por tus profundas llagas crueles,
por tus salivas y por tus hieles
¡Perdónale, Señor!
5. Por las heridas de pies y manos,
por los azotes tan inhumanos.
¡Perdónale, Señor!
6. Por tu poder y amor inefable,
por tu misericordia entrañable,
¡Perdónanos, Señor!
1. Abiertos los brazos pegados al
árbol, la sangre corría de Dios
que moría, sentía apretarse el
dolor como dardo, clavado en la
cruz y su amor que lucía.
Vinagre le dieron y dulce miraba,
desprecio mostraban y amor
devolvía sus ropas jugaban, la vida
les daba, inerte pendía y ya nada lo ataba.
AL VERLO CLAVADO Y EN
GOZO DOLIENTE,
QUEBRADO EN TODO,
ENTERO EN LA ESENCIA,
LA MADRE VIVÍA AFLICCIÓN
IMPALPABLE, REGADA POR RÍOS
DE VIDA Y PRESENCIA.
2. El día lloraba la escena imposible,
Jesús ofreciendo su vida en
rescate por todos aquellos que
son miserables, los hombres que
habían dejado a su Padre.
La hora ha llegado y la muerte
con ella, el Señor ya se muere, la
vida se aleja pero la esperanza ya
brota con fuerza, la luz infinita
brilla en las tinieblas.
SI TÚ POR VENTURA
MIL CRUCES RECIBES
ABRAZA ESA SUERTE DE MALES
BENDITOS.
TE ACERCAN A AQUEL
QUE HABITÓ ENTRE LOS HOMBRES,
AQUEL QUE MURIÓ
POR LLEVARNOS AL CIELO.
EN LA CRUZ DE MADERA
JESÚS NOS RECUERDA
SU ESTAR CON NOSOTROS,
PERPETUA TERNURA.
ESTARÁS CON NOSOTROS
ASÍ HAYAN TORMENTAS,
SEÑOR DE LAS FIDELIDADES ETERNAS.
1. Madre santa, Madre amada,
yo te elevo mis plegarias.
Son mis lágrimas rocío que a los
pies de la cruz se derraman al ver
que tú me amas.
Si estoy lejos de tu lado,
volveré junto a tu mano
y al calor de tu ternura
podré ver al Señor
y beber de su amor que perdura.
De rodillas frente a tu Hijo
puedo amar como yo nunca
he amado al Señor de los dolores
Madre buena son tus flores
mi consuelo en el dolor.
MADRE DEL CRUCIFICADO
NOS ABRAZAS CON TU MANTO
Y EN EL FRÍO DE LA NOCHE
VA TU FUEGO CALENTANDO
EL CORAZÓN DEL PEREGRINO
QUE POSTRADO EN EL CAMINO
BUSCA EL ROSTRO DEL SEÑOR
Y ASÍ VOLVERÁ A VER LA VIDA
EN UNA CRUZ
EN EL AMOR, EN EL SEÑOR.
2. Sé tu Madre, mi mirada,
para ver con fe el dolor y
sea tu manto mi morada
para ver desde allí
al Señor que pronuncia mi nombre.
Sólo el hombre que se aferra
a tu Hijo en esta guerra,
sólo aquél que en pie lo mira
beberá de su herida
que sangra de amor y de vida.
Y tus rosas que derraman
la dulzura y el aroma
de tu inmaculado amor son la
pureza que me toma y cual
corona reinas en mi corazón.